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BOLIVIA

Bolivia e Irán: los “antiimperialistas” – DW (Español)

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La afinidad de Bolivia con ciertos países tiene su origen en el «antiimperialismo». Un “imperialismo” representado por los EE. UU. Es una postura común en la izquierda dogmática latinoamericana, dice Pablo Kummetz.

Luis Arce (dcha.), presidente de Bolivia, y el expresidente boliviano Evo Morales. (Archivo).
Para la izquierda dogmática y, a menudo, para la no tan dogmática, EE. UU. es el origen de todos los males de América Latina. Y, como «el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, no puede sorprender que los grandes «antiimperialistas” Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y El Salvador se abstuvieran recientemente en la ONU de condenar la invasión de Ucrania por parte de Rusia.
En su visita a Irán en 2010, Evo Morales dijo que Bolivia y la República Islámica tienen «una conciencia revolucionaria idéntica que permite la expansión de las relaciones y da cuenta de la proximidad de los dos Estados.» En mayo de 2013, después que Bolivia expulsara a la USAID del país, Irán se convirtió en el principal cooperante del Estado Plurinacional, con una promesa de 1.100 millones de dólares en ayuda e infraestructuras.
Y ahora esto: según la agencia oficial iraní Irna (que más tarde borró el contenido), el pasado domingo, Romina Pérez, la embajadora de Bolivia en Irán dijo que las protestas por la muerte de una joven encarcelada en Irán por no llevar el velo correctamente son «disturbios” alentados por «agitadores sionistas británicos y estadounidenses”.
Pablo Kummetz, columnista invitado de DW.
Es inconcebible que un país democrático apoye la violación de los derechos más elementales de las mujeres y eche las culpas al «imperialismo”, y en particular, el «sionista”. No menos a estupor llama que Bolivia, que entre sus metas de política exterior declara la de «consolidar los sistemas democráticos en los países de América Latina y preservar los derechos humanos”, se manifieste solidario con países en los que estos brillan por su ausencia. Una mayúscula contradicción.
¿No será que el problema de fondo es que Gobiernos e intelectuales «antiimperialistas” latinoamericanos a menudo no creen en la democracia representativa, por «burguesa»? Quieren una «democracia popular», parten de una filosofía política que pone en el foco no al individuo concreto (de lo cual se derivan los derechos humanos individuales), sino al colectivo abstracto «pueblo» (cuyos intereses interpreta el «partido” y que no posee derechos individuales, sino «colectivos»).
En ese marco es comprensible que los valores de la libertad, los derechos humanos, el Estado de derecho, la división de poderes y la tolerancia pasen a un segundo plano. De allí a pactar con todos los «antiimperialistas”, sean del color que sean, una tiranía o un sistema totalitario, hay un pequeño paso.
La Cancillería de Bolivia pidió el martes el retorno inmediato de la embajadora, para conocer su informe sobre sus presuntas declaraciones. Ella dijo que fueron manipuladas, negó haberlas hecho «en esos términos” y anunció que inició gestiones para denunciar al medio que «distorsionó” sus palabras. Es de esperar que así sea. 
(cp)
La Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia reconoce 36 “naciones y pueblos indígenas originario campesinos”, con territorio, población y lengua propios. Dos de ellos, el aymara (en la foto) y el quechua, se consideran mayoritarios.
Otros 34 pueblos y naciones indígenas bolivianas, como el guaraní, el cayubaba, el uru, el mojeño o el t’simane’ (en la foto), han sido constitucionalmente reconocidos como minoritarios. Entre ellos se cuentan también los afrobolivianos.
Pero otros más de 60 grupos poblacionales, igualmente minoritarios, no han sido reconocidos como naciones, recuerda Alex Villca, vocero de la Coordinadora Nacional de Defensa de los Territorios Indígenas Originarios Campesinos y Áreas Protegidas de Bolivia (CONTIOCAP). Villca se identifica como indígena uchupiamona y su pueblo reclama reconocimiento pese a haber perdido su lengua originaria.
Los bolivianos suelen dividir didácticamente su territorio en tres regiones, las tres con abundante población indígena: Tierras Altas (fundamentalmente en los departamentos de la Paz, Oruro y Potosí), Valles centrales (en Cochabamba, Chuquisaca y Tarija) y Tierras Bajas (en Santa Cruz, Beni y Pando). Aunque, obviamente, estas fronteras entre regiones y departamentos no son exactas.
En Tierras Altas (La Paz, Oruro y Potosí), habitan pueblos originarios del altiplano: predominantemente, poblaciones quechua y aymara. Allí, en Oruro, nació Evo Morales, el primer presidente indígena de Bolivia, un aymara. Y allí, en las ruinas precolombinas de Tiwanaku, fue investido como líder indígena, en ceremonias ancestrales que precedieron a sus tomas de posesión en 2006, 2010 y 2015.
Cada solsticio de invierno, el 21 de junio, los aymaras bolivianos invocan el retorno del astro rey con rituales y ofrendas en la Puerta del Sol del complejo arqueológico de Tiwanaku, territorio de su civilización preincaica, a 70 km de La Paz. La ceremonia se ha hecho oficial y adoptado un nombre pluricultural. En 2021, participó el actual presidente Luis Arce (c), como antes hiciera Morales.
El hoy expresidente Evo Morales (d), aún líder del Movimiento al Socialismo (MAS), con el que gobierna su delfín Luis Arce (c), «es el líder indígena más conocido, pero no el único», advierte la politóloga boliviana de la Universidad Libre de Berlín Moira Zuazo. Pero el culto a su personalidad invisibiliza, también a nivel internacional, la diversidad de pueblos y liderazgos indígenas de Bolivia.
No pocas mujeres indígenas aymaras han sido retratadas por medios internacionales, en su lucha contra los estereotipos machistas. En la foto, tres de un grupo de 11 andinistas de entre 50 y 20 años, tras escalar con sus trajes típicos hasta el pico nevado de la montaña Huayna Potosí, en 2015. Las más jóvenes aspiraban a unirse a las filas de los hombres y guiar a los turistas hasta la cima.
Las «cholitas» han ido conquistando espacios en la sociedad, y predominan entre las imágenes de mujeres indígenas bolivianas que reflejan los medios. Sea en roles más tradicionales como amas de casa o cocineras, o en sus nuevos territorios conquistados, como escaladoras o como profesionales de la lucha libre (como las de esta foto en la Paz).
En los valles centrales, en la franja subandina que incluye a la ecorregión de Los Yungas (departamentos de Cochabamba, Chuquisaca y Tarija), se han asentado sobre todo campesinos y cocaleros del grupo indígena quechua. Entre ellos, en el Chapare, emergió el liderazgo sindicalista de Morales.
En las llanuras tropicales de Tierras Bajas (departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando), se asientan los pueblos de la Amazonía, el Chaco y el Oriente boliviano (conocido también como Chiquitanía). Allí, se encuentra la mayor cantidad de grupos indígenas del país, la mayoría pequeños”, explica a DW Gabriela Canedo, socióloga y antropóloga de la Universidad Mayor de San Simón, en Cochabamba.
Una nueva Constitución, en 2009, declaró el Estado Plurinacional, reconoció derechos fundamentales de los pueblos indígenas y fue un logro de la lucha conjunta de sus organizaciones en todo el país. Pero la represión del entonces Gobierno de Evo Morales a la marcha de los indígenas de Tierras Bajas, en 2011, contra la construcción de una carretera en sus territorios, puso fin a esa unidad.
“El 25 de septiembre de 2011 fuimos reprimidos en Chaparinas, por el simple hecho de defender el medioambiente, nuestro territorio”, recuerda a DW Marcial Fabricano (c), líder indígena mojeño-trinitario, candidato a vicepresidente en 1997, y poblador del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), por donde el Gobierno del MAS pretendía construir la polémica carretera.
Desde entonces, las organizaciones indígenas se han debilitado, fracturadas en facciones “orgánicas” y facciones oficialistas paralelas, incentivadas por los sucesivos Gobiernos del MAS, según denuncian antivistas y expertos.
En 2019, tras 14 años en el poder, Evo Morales cedió a la presión de las protestas contra su reelección, denunciando un «golpe de Estado», tras perder el apoyo del Ejército y la Policía. Su salida no solo dio paso a manifestaciones claramente racistas del gobierno interino de Jeanine Añez y su entorno, sino también a nuevas divisiones y enfrentamientos entre pueblos indígenas afines al MAS o no.
Recientemente, grandes incendios han arrasado zonas de la Amazonía y la Chiquitanía bolivianas, en el oriente del país. Por eso, los pueblos indígenas de Tierras Bajas demandan protección, no solo ante la expansión de asentamientos de colonos cocaleros sino también ante las quemas descontroladas de terrenos por parte empresarios agroindustriales. Ambos, fenómenos facilitados por leyes vigentes.
El patrón de división de las organizaciones indígenas, mientras tanto, sigue reproduciéndose en todos los ámbitos. Así, por ejemplo, en La Paz, enfrentamientos entre organizaciones paralelas de cocaleros (ADEPCOCA «orgánica» y oficialista), subrayan, insisten expertos, la situación de vulnerabilidad que atraviesan los pueblos indígenas en Bolivia hoy.
Autor: Rosa Muñoz Lima
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