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BOLIVIA

Democracia boliviana y producción intelectual – Pagina Siete

El pasado 10 de octubre, Bolivia cumplió 40 años de vida democrática y, ciertamente, es un lindo motivo para celebrar. De las diversas maneras que hay de celebrar la existencia institucional del Estado y la sociedad boliviana, elijo la más cercana a mi propio campo de acción: la productividad de nuestros intelectuales. Así, a tiempo de expresarles mi gratitud, quiero resaltar sus aportes a la construcción democrática del país.
Inicialmente, conviene ver las escasas (pero importantes) relaciones bibliográficas acerca del devenir democrático en el país. Un preliminar balance es: ¿Qué sabemos sobre el desarrollo democrático boliviano? de Gerardo Berthin y Ernesto Yáñez (La Paz, MpD-UCB, 1999). También cuenta el notable trabajo Los ángeles caídos. Espejo eurocéntrico de la politología boliviana, de Yuri F. Tórrez (Cochabamba, UCB, 2014). Y uno de los libros más recientes es Antología de Ciencia Política Boliviana, de Fernando Mayorga (La Paz, BBB, 2020); el pequeño gran problema de esta Antología es que es mediocre, sectaria y trasunta (denota y connota) un abyecto servilismo (llunk’erío) para con el poder (hoy) dominante.
En Bolivia, el devenir del pensamiento político tiene cuatro decursos primordiales: el primero tiene relación con la heroica década de los 80. Ahí ha habido valiosas y meritorias publicaciones, tales como: Bolivia: democracia y participación popular (1952-1982) editado por la Flacso-Programa Bolivia (La Paz, 1985); Crisis, democracia y conflicto social, de Roberto Laserna (comp.) (Cochabamba, Ceres, 1985) y Democracia a la deriva. Dilemas de la participación y concertación social en Bolivia, de René A. Mayorga (comp.) (La Paz, Clacso-Ceres, 1987).
¿Qué es lo común?, esencialmente la expresión de las tensiones potencialmente disipadoras de los movimientos sociales (obreros y campesinos), la necesidad de institucionalizar la participación social y política y la construcción de las institucionalidades democráticas.
El segundo decurso tiene relación con la década de los 90, es decir, con la hegemonía del neoliberalismo. Ahí la producción bibliográfica ha sido abundante y pragmáticamente selecciono a cuatro connotados neoliberales (ya sé que la palabreja es odiosa):
René Antonio Mayorga con: ¿De la anomía política al orden democrático? Democracia, Estado y movimiento sindical (La Paz, Cebem, 1991); H.C.F. Mansilla con Posibilidades y dilemas de los procesos de democratización en América latina (La Paz, Cebem, 1991); Roberto Laserna con Productores de democracia. Actores sociales y procesos políticos 1971-1991 (Cochabamba, Ceres-Faces, 1992); y la monumental obra de Jorge Lazarte R. Bolivia: certezas e incertidumbres de la democracia (tres volúmenes) (La Paz, Ildis y Amigos del libro, 1993).
¿Qué es lo común?, las obsesiones con la modernización y la gobernabilidad; las indomeñables luchas populares: obreras y campesinas y las angustias por domesticarlas y reducirlas a meros entes burocráticos y funcionales al poder dominante (como hoy) y la privatización del ámbito público: consolidación institucional y democracia pactada.
El tercer decurso es el que emerge con el inicio mismo del siglo XXI, desde y a partir exactamente del año 2000. Aquí brilla (con luz propia) el grupo Comuna conformado por Álvaro García, Raquel Gutiérrez, Raúl Prada y Luis Tapia y que ha publicado libros tan importantes como: El retorno de la Bolivia plebeya (La Paz, Comuna y Muela del diablo, 2000); Tiempos de rebelión (La Paz, Comuna y Muela del diablo, 2001); Democratizaciones plebeyas (La Paz, Comuna y Muela del diablo, 2002); Memorias de octubre (La Paz, Comuna y Muela del diablo, 2004); y Horizontes y límites del estado y el poder (La Paz, Comuna y Muela del diablo, 2005).
¿Qué es lo común?, la exaltación acrítica de los movimientos sociales y su capacidad no precisamente autogestionaria (como en la Coordinadora del Agua), menos propositiva, sino más bien destructora, tanto que la guerra del gas en El Alto no ha permitido que los alteños (después de 20 años) cuenten con gas domiciliario o que los qhochalas superen la crónica escasez de agua potable.
El cuarto decurso es el que insurge desde la crítica radical de las políticas extractivistas, racistas y fascistas del régimen del MAS y, más específicamente, a partir de la sangrienta represión de Chaparina (cfr. Marcha indígena por el TIPNIS. La lucha en defensa de los territorios, La Paz, Fundación Tierra, 2012).
De las varias opciones institucionales (como el Cedla o el Cedib), aquí elijo las interesantes publicaciones de la Fundación Tierra: Despojo de tierras de comunidades por el agronegocio boliviano. Estado de situación de comunidades indígenas y campesinas dentro de la zona de expansión de la frontera agrícola de Santa Cruz (La Paz, Fundación Tierra, 2021); Intereses transnacionales en el mercado de insumos agrícolas. El control corporativo de plaguicidas, fertilizantes y semillas genéticamente modificadas (La Paz, Fundación Tierra, 2021); Territorios indígenas enajenados. El furtivo mercado de tierras de la TCO Guarayos, de Gonzalo Colque y Alcides Vadillo (La Paz, Tierra, 2022); y Deforestación 2016-2021. El pragmatismo irresponsable de la Agenda Patriótica 2025 de Gonzalo Colque et al (La Paz, Tierra, 2022).
¿Qué falta pensar en el campo político boliviano? Hay necesidad de repensar la integralidad de las contradicciones: de clase, de raza, de género y asumirlas en una argumentación mayor: ¡el capital versus la vida! Hoy no solo estamos frente a problemáticas atingentes al ser humano (Antropoceno) sino al inminente riesgo del colapso ecológico, que pone en grave riesgo de extinción no sólo la vida humana sino el conjunto de las condiciones que hacen posible la vida en el planeta.
Estamos pues llamados a defender la vida frente a las violencias del capitalismo, el colonialismo y el patriarcado.

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