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BOLIVIA

Evo, Arce y Choquehuanca, crisis de protagonismo en Bolivia – El Tribuno

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21 DE Septiembre 2022 – 02:14
El presidente boliviano Luis Arce tropieza anticipadamente con una puja sucesoria dentro su propio partido que amenaza entorpecer seriamente su gestión gubernamental. Su antecesor, Evo Morales, y su vicepresidente, David Choquehuanca, son los otros dos protagonistas de una competencia tripartita de incierto final que pone en duda el porvenir político del Movimiento al Socialismo (MAS), la fuerza dominante en Bolivia desde el 2005. La oposición, que está atomizada políticamente a nivel nacional pero conserva una fortaleza inexpugnable en el Oriente y gobierna cuatro de los nueve departamentos bolivianos, aguarda expectante el resultado de una controversia que puede otorgarle una oportunidad.
Las próximas elecciones presidenciales serán recién en 2025 pero las disputas de poder comenzaron ya. Morales, derrocado en noviembre de 2019, desde su exilio en Buenos Aires escogió como fórmula presidencial del MAS al binomio Arce – Choquehuanca, que obtuvo una aplastante victoria con el 55% de los votos en la primera vuelta electoral de octubre de 2020. Retornó triunfante a Bolivia pero se encontró con que después de sus trece meses de ausencia las cosas no eran como antes. Su otrora indiscutible liderazgo ya no era respetado a rajatabla.
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La primera manifestación de este cambio de situación quedo exhibida en la nominación de las candidaturas partidarias para las elecciones departamentales de 2021. En muchos casos las figuras prohijadas por Morales encontraron fuertes resistencias. El ejemplo emblemático ocurrió en El Alto, el populoso municipio aledaño a La Paz. Eva Copa, una dirigente del MAS que durante el interinato de la ex presidenta Jeanine Áñez, con Morales en el exilio, se había destacado como titular del Senado, se alzó contra el candidato ungido por el ex mandatario, concurrió a las urnas como independiente y logró la codiciada alcaldía de la segunda ciudad de Bolivia después de Santa Cruz de la Sierra.

Esas expresiones disidentes permitieron apreciar un fenómeno que había sido obscurecido por la dimensión de la victoria del MAS en las elecciones presidenciales. La renuncia de Morales y su abandono del país ante la revuelta cívico-militar que lo desplazó del poder en 2019 melló su imagen entre sus partidarios. En la resistencia al interinato de Áñez surgió una nueva dirigencia cuya gravitación determinó una mayor horizontalización del poder interno. Esa dirigencia acató la jefatura de Morales para la designación de la fórmula presidencial, pero reclamó un mayor protagonismo en las decisiones. Dichas exigencias surgidas desde abajo encontraron eco en la cima del nuevo gobierno.
Arce, el economista exitoso
Arce, en modo silencioso, y Choquehuanca, a tambor batiente, secundan esas pretensiones autonomistas. Morales no vaciló en responder a ese desafío. El conflicto desató episodios resonantes. Morales escogió como blanco de sus invectivas al Ministro del Interior, Eduardo del Castillo, a quien acusó de manejar una campaña en su contra. El robo de su teléfono celular en un acto partidario lo llevó a responsabilizarlo de buscar descubrir sus presuntas conexiones con los carteles de la droga.
Las dificultades económicas profundizan el conflicto político. La disminución de la producción de gas generó una reducción de las exportaciones que golpeó las reservas monetarias del Banco Central. Ante esa situación, Arce ensayó un plan de blanqueo forzoso en una economía históricamente signada por una informalidad generalizada. La movilización masiva de los afectados, alentada por Morales, obligó a rever la medida.
Arce es un economista profesional que durante diecinueve años y bajo distintos gobiernos fue funcionario del Banco Central. Con una sólida formación marxista, tenía en su despacho una foto del "Che" Guevara, lo que en Bolivia no constituye un souvenir turístico sino un nítido embanderamiento ideológico. Su capital político proviene precisamente de su condición de artífice del milagro económico de la era Morales. Su pasaje por el Ministerio de Economía estuvo marcado por un extraordinario pragmatismo. Para justificarlo, citaba a Carlos Marx para señalar la prioridad del "desarrollo de las fuerzas productivas" como camino hacia la construcción el socialismo.
Con la dupla Morales – Arce, el producto bruto interno creció a un ritmo del 4,9% anual acumulativo, el ingreso por habitante aumentó de 4.100 a 7.700 dólares, el índice de pobreza bajó del 35% al 17% y la clase media que en 2005 abarcaba al 35% de la población en 2018 incluía al 58%. Paradójicamente, ese formidable despliegue económico no representó un avance hacia el socialismo sino un arrollador avance del capitalismo indígena, protagonizado por esa clase media en ascenso que posibilitó el surgimiento de una pujante burguesía aymará, cuyo epicentro está en El Alto, transformada en asiento de 5.000 nuevas empresas. Esa nueva clase media está políticamente más cerca de Arce que de Morales y alimenta las sospechas de que el actual presidente aspiraría a independizarse de su jefe y postularse para reelección. A la hora de escoger la fórmula presidencial, Morales diseñó un delicado equilibrio entre Arce, un moderado capaz de contener a las ascendientes capas medias, y Choquehuanca, un dirigente campesino perteneciente al sector más radicalizado del MAS que había sido su canciller y entre 2007 y 2019 se desempeñó como secretario de la ALBA, esa entente conformada por Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia. Para el vicepresidente, "el poder tiene que circular. Así, como la economía, se tiene que redistribuir, tiene que fluir". A tal efecto, impulsa la creación de Escuelas de Formación de Líderes para desatar una "renovación" del MAS, propósito que fue interpretada por Morales como una ruptura de hostilidades.
Si Arce se caracteriza por su intento de conciliar la retórica revolucionaria con la racionalidad económica, Choquehuanca postula una profundización del mensaje "indigenista". Su objetivo declarado es convertirse en el "verdadero" primer presidente indígena, ya que niega esa condición a Morales por su apellido de origen español. En sus actos repite que espera con ansiedad la llegada del año 2032 porque se cumplirán 500 años de la llegada a la tierra de los aymaras del conquistador español Diego de Almagro y "se acabará la maldición europea".
Choquehuanca inició su carrera política hace 20 años junto a Felipe Quispe, un líder indígena que sostenía que Bolivia no tenía razón de existir como estado independiente y debía volver a formar parte del Tahuantinsuyo, el territorio del reinado de los incas. Recientemente rindió homenaje a un joven aymara que el 12 de octubre destrozó con un martillo el rostro del monumento a Cristóbal Colón en La Paz, una pieza de mármol Carrara que fue donada por la colectividad italiana.
Entre la racionalidad económica de Arce y la beligerancia indigenista de Choquehuanca, Morales propone una "segunda revolución nacional y popular", que sería la continuidad de la que encabezó con su triunfo en 2005. Su protagonismo regional sufrió una dura derrota con el resultado del referéndum constitucional chileno. Muchas de las disposiciones más controvertidas de la propuesta de la convención constituyente trasandina estaban inspiradas en el "modelo indigenista" de la constitución boliviana de 2009, que Morales reivindica como uno de sus logros más preciados. Dirigentes del MAS fueron consultados por los convencionales y Morales estaba dispuesto a viajar a Chile para festejar la victoria del "Apruebo". No pudo ser.
* Vicepresidente del Instituto de Planeamiento Estratégico

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