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BOLIVIA

¿Existe sincero combate a la corrupción? – Opinión Bolivia

A nivel internacional y desde hace muchos años, la corrupción es un tema de preocupación. Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, y otros a nivel global, reconocen como muy grave el problema, tanto que consideran una amenaza para la estabilidad y seguridad de las sociedades, porque socava las instituciones y los valores de la democracia, la ética y la justicia; es considerado un problema que trasciende las fronteras nacionales hasta convertirse en un fenómeno transnacional que afecta a todas las sociedades y economías, sean ricas o pobres.
El mes de marzo de 1996, la Conferencia Especializada de la OEA aprobó la Convención Interamericana contra la Corrupción, misma que entró en vigor en junio de 1997; a su vez, el año 2003 la Asamblea de la ONU aprobó mediante resolución 58/4 la Convención de Naciones Unidas contra la Corrupción, ambos instrumentos fueron ratificados por Bolivia y al ser país signatario dio algunos pasos, entre otros, creó el Ministerio de Transparencia Institucional y Lucha Contra la Corrupción y aprobó la Ley de Lucha contra la Corrupción, Enriquecimiento Ilícito e Investigación de Fortunas Marcelo Quiroga Santa Cruz. No obstante de ello, lejos de marchar con firmeza rumbo al combate del flagelo de la corrupción, en las dos últimas décadas el mal ha ido avanzando en la sociedad y la capacidad de reproche e indignación de la población parece haberse agotado, al extremo que funcionarios/as corruptos de alto y bajo nivel campean su impunidad con la garantía que les da un Sistema de Justicia venal y carente de independencia. 
Pero, lo que llama poderosamente la atención es que en un ambiente de corrupción pública generalizada, un Sistema de Justicia dependiente del poder político y otros poderes fácticos, los organismos internacionales continúen inyectando recursos para, supuestamente, combatir el problema. Son millones y millones de dólares los que Bolivia ha recibido para atacar a la corrupción y fortalecer la justicia, pero nada cambia, al contrario, las cosas van para peor. Al parecer, a los organismos donantes o prestatarios no les importa mucho a dónde se destinan esos recursos. Existen informes sobre la lamentable situación del Sistema de Justicia y toda la administración, sin embargo, las ofertas de inyección de dinero continúan sin contar con explicaciones previas sobre el destino de lo recibido y si fueron cumplidos los objetivos y cuáles son los resultados. De ahí la duda de que si son sinceras las expresiones de lucha contra la corrupción de los organismos internacionales.
DE FRENTE
JULIETA MONTAÑO S.
Abogada, feminista, defensora de DDHH
julietamontañ[email protected]
Opinión

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