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BOLIVIA

La balcanización de Bolivia – eju.tv – eju.tv


 
Yugoslavia ingresó en una guerra civil sangrienta. Fue una guerra televisada donde serbios y croatas se enfrentaron, se mataron, se desangraron y se reventaron a combazos y metralla.
 
Para los que nunca vieron o se enteraron de este conflicto intestino, después de las atrocidades de los nazis, en los Balcanes se vivieron escenas dantescas de odio racial sin parangón alguno. Los militares serbios juntaban a niños de guarderías en cuartos y les hacían jugar con granadas activadas para luego verlos volar despedazados por los aires.
 
Las viudas, madres, hermanas, hijas iban a los cementerios de las ciudades y los francotiradores las usaban como un campo de práctica de tiro. Las imágenes de mujeres muertas con la cabeza reventada sobre la lápida de su familiar son indecibles. El deporte de las milicias serbias de jugar con un mazo, reventando cabezas de niños, ancianos, mujeres, para apostar quien arrancaba de un solo golpe una cabeza, eran el deporte habitual. Después de los campos de concentración nazis, los serbios dieron la nota.
 
Qué importante es saber, leer, conocer la historia, el pasado. Hoy se cometen errores imbéciles, peligrosísimos por arrogancia. Abrazan la ignorancia. La hacen su pasión de vida, y de proyecto político.
 
Las señales de advertencia son muy claras, pero nadie sabe leerlas en su real dimensión. Hay soberbia, prepotencia y gorilismo. Nunca hubo diálogo o búsqueda de consenso. La encerrona y las actitudes ladinas priman. El chantaje, la extorsión, el secuestro, la fuerza bruta, la estupidez son los ejes de un diálogo, obviamente, estéril.
 
Pero no fue una voladura espontánea o imprevista. Fue una ruptura cantada. El escenario se armó y en la fosa cayeron – como una piedra lanzada al aire – secos y duros. Gritaron, acusaron y se fueron. Pero no se dieron cuenta que era eso precisamente lo que ellos buscaban. Victimizarse y mostrar prepotencia del otro lado. Salir bien en la foto.
 
El plan recién había empezado. Era la primera fase de la estrategia del oficialismo. Levantar falsas expectativas, simular acercamientos y, luego, a sabiendas que el encuentro no prosperaría, cerrarían el telón del primer acto con una cortina de humo: Nosotros somos de la cultura del diálogo y el Comité Interinstitucional no.
 
La obra de teatro estaba en marcha. Ahora, debían derribar la legitimidad del cabildo con otro cabildo. Menoscabar sus cimientos legítimos sustentados en una voluntad cívica, popular, de todos los bolivianos, sin importar su origen, raza o clase social. Y, sin rubor alguno en sus caras, por algo son precisamente, descarados, montaron un cabildo obligado, pagado y politizado. Una patraña burda liderada por unos dirigentes caínes con su propia región, con su propio pueblo, con su propia gente.  La segunda parte del teatro había sido puesta en escena.
 
A los gritos de un grupo reducido aprobaron una pantomima: “Censo con Consenso Plurinacional”. ¿Hasta la fecha, nadie sabe qué es eso? ¿Cómo funciona? ¿Y quiénes son los del consenso? Sólo tienen la letra chica sus perpetradores. Sus maniqueos.
 
Bajo el manto del consenso, dieron inicio a la tercera escena del montaje: Un encuentro masivo entre más de 400 autoridades de todo el país. Alcaldes, gobernadores, subalcaldes, rectores, ministros, viceministros, juntas de vecinos, campesinos, interculturales y una larguísima lista de participantes. No hay una metodología de trabajo, de aprobación o desaprobación. No hay un orden, una guía. Sólo una aplanadora. Un acto masivo propio del populismo y la demagogia pura y dura. Un baño de masas.
 
En un discurso, programado en la agenda del teatro del Gobierno, un día después del cabildo espurio, el propio Arce Catacora arranca con la cuarta escena de la obra: la convocatoria masiva a un acto populista.
 
El gravísimo problema de esta escena es que todos los bolivianos nos mal acostumbramos a que el presidente diga una cosa y haga otra, que cuente una realidad que nada tiene que ver con la que vivimos diariamente y en spots aparezca seseando a una audiencia que parece ser siempre la misma. Si bien últimamente esto se hizo más notorio, el momento de mayor irresponsabilidad entre su relato y la cruda realidad se puede palpar en su campaña propagandística de “apoyo a Santa Cruz”. Lo más suave es calificarla de burda; lo más duro de imbécil. Aquel ser humano carente de razón que actúa cometiendo despropósitos. Eso significa un ser imbécil.
 
Arce siempre habla, gesticula y detrás de sus gafas de nerd, no repara nada, no asume responsabilidades, no dirige, no lidera, no tiene peso. Sólo tiene una perorata sobre un modelo económico decadente, donde se obturan diariamente los caminos y las salidas que buscan los bolivianos.
 
Todo termina siendo en función de ese pequeño espacio de poder que el presidente tiene dentro de su pequeñísima oficina en la mal llamada Casa del Pueblo. Desde ahí, mira a través de una ventana, también chiquitita, un país irreal y donde él es el gran arquitecto de una economía artificial y mediocre.
 
Haciendo honor a ese viejísimo apotegma para definir la soledad de un líder en declinación: “En política, los amigos te acompañan hasta la puerta del cementerio, pero dejan que entres solo”. Arce ya entró en su panteón sólo y no se da cuenta que ya ni los músicos lo acompañan rumbo a su morada definitiva.
 
Seamos más puntillizos aún. Todos los líderes, tienen momentos de su gestión donde tienen que mostrar una madera distinta al resto de la política; eso se conoce como “grandeza”.
 
Y la grandeza sólo se alcanza cuando se tiene la capacidad de ponerse por encima de los problemas políticos internos, de tener una mirada amplia, de buen gobierno, de asumir el desafío de tomar distancia de la puja intestina de poder que inevitablemente sucede a su alrededor y hablar con sinceridad, asumiendo la realidad, sus errores y desafíos y reconociendo imposibilidades.
 
¡Grandeza! ¡Liderazgo! ¡Asumir el cargo de Presidente, en sus justas y cabales!
 
Bolivia vive en una situación de extrema gravedad social y económica. De un gravísimo deterioro de debilitamiento institucional. De mediocridad de liderazgos, de peleas raciales, de origen, de lanzas envenenadas de odio regional (fabricados), de narcotráfico, de contrabando, de caos social, de pobreza, de abandono, de un campo abandonado, de ciudades intermedias abarrotadas de migrantes. Nadie migra por gusto, sino por necesidad. Migrar es un derecho humano, de acuerdo con la carta de las Naciones Unidas. Nadie le puede cerrar la puerta a un migrante: !!!NADIE!!!
 
Pero la grandeza – tal y como se asume – necesita imperiosamente de la adversidad. Del contrario en política. No eres alguien en un campo de flores. Eres un grande en un campo de batalla, donde pones a prueba tu caballerosidad, tu honor, tu capacidad de entrega y de magnanimidad con el herido, con el enemigo caído en el campo. Pero de todo esto no hay nada. Son todos pigmeos.
 
Arce y sus acólitos eligieron enfocarse en sobrevivir dentro un proyecto político caduco, desgastado y que ya nadie cree. La derecha imperialista, golpista es una narrativa, francamente, excrementicia. En lugar de dedicarse a diseñar y gobernar un proyecto de país con miras al bicentenario, optaron por el deshonor, por la tramoya y la encerrona. Pasarán a la historia como gorgojos. Nunca como aquellos que debieron mostrar grandeza en tiempos de crisis.
 
Hoy se trata de saber con qué poder político real contará la sociedad cruceña y boliviana para encarar una agenda tan desgraciada y que sólo busca ahogar a quienes dan de comer a todo un país. El pecado del oriente es ser productivo, generar empleos, bienestar, empujar un modelo económico liberal, basado en las capacidades del ser humano, en el valor de sus emprendimientos, de su visión como empresarios, de su capacidad para generar cientos de miles de empleos, de cadenas productivas. Acá no se vive de la hoja de coca ni del narcotráfico. Acá se pagan impuestos. Se construye. Se es formal, legal. Se alcanzan sueños, se concretan proyectos. Se arman familias y matrimonios entre collas y cambas. Se hacen churrascos entre orureños y cambas. Se sientan a la mesa entre benianos y chuquisaqueños. Van al estadio a defender sus colores con alegría. Uno sentado junto al otro. Santa Cruz es la fusión cultural, social, económica y racial más grande de la sociedad boliviana.
 
El Gobierno está quebrado. No tiene credibilidad. No genera confianza. Es estridente. Es torpe. Es autoritario porque es débil. Es ladino porque no tiene principios. Es una escoria política.
 
Como era de prever, Arce sólo trabaja para Arce. Evo solo trabaja para Evo. Ninguno de los dos trabaja o trabajó por Bolivia. ¡Ninguno!
 
Santa Cruz es el gran campo de batalla. El centro de operaciones belicistas. Somos la Ucrania de Bolivia. Salvando distancias, por supuesto. Pero eso es lo que somos. Nos cortan energía, nos sitian, nos cortan alimentos, carreteras, caminos, quieren invadirla, quieren destrozar el modelo exitoso de economía. Quieren adueñarse de algo que jamás fueron parte ni ayudaron a construir, salvo por su olvido.
 
Una de las grandes deudas políticas que arrastra nuestro país desde hace varios años es el debate acerca de la transformación del modelo de desarrollo económico, que hace tiempo demostró ser incapaz de ofrecer una vida digna para la mayoría de la población.
 
Necesitamos construir una nueva etapa, y para eso se requiere de una profunda discusión acerca de cómo transformar radicalmente la economía, cómo establecer políticas fiscales que le den al Estado la capacidad de invertir y gastar en la protección social de la población; pero reactivando al sector privado, ofreciendo reglas de juego claras para la inversión, para la generación de empleo con salarios acordes a las necesidades básicas de la sociedad.
 
Hoy estamos muy lejos de eso, porque falta un líder que sea capaz de construir consensos, que sea creíble en sus intenciones. Resulta mucho más importante un show político hueco frente a las cámaras que el contenido de la propuesta, y que en un debate sincero y sin egoísmos, nos pongamos de acuerdo en un censo transparente, oportuno y eminentemente técnico.
 
Shakespeare, lo dijo en su momento: “No hay que temerle a la grandeza, algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande”. Fin de la obra.
 

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