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ECONOMÍA

Caos financiero en Bolivia: el Banco Central tambalea mientras los dólares se esfuman del país

Personas esperan durante horas la oportunidad de acceder a la preciada y escasa divisa estadounidense, lo que quizás es ahora lo más difícil de encontrar en todo el país.

La fila comienza a formarse frente al banco central en el centro de La Paz en plena noche. Resguardados debajo de mantas y con chocolate caliente para el frío a 3.600 metros de altitud en los Andes, esperan durante horas la oportunidad de acceder a dólares, lo que quizás es ahora lo más difícil de encontrar en toda Bolivia.

Hay pocos dólares, si es que hay, en bancos comerciales o en casas de cambio o incluso en el mercado negro, donde operadores trabajan en quioscos de esquinas, a la sombra del banco central.

“Imagínense la cantidad de tiempo que uno gasta en un trámite que debería ser simple”, dijo Ismael Vargas, “debería ser algo normal”. Vargas, abogado, hizo fila durante seis horas y, al final, le dijeron que regresara en siete semanas para obtener los USD 5.000 que quería comprar.

La crisis se viene gestando aquí hace mucho tiempo. Años de negligencia debilitaron la industria de exportación dominante, el gas natural. Pero la repentina restricción financiera también revela que las dificultades se extienden por todo el mundo, desde Silicon Valley Bank hasta los ministerios de Hacienda de economías en desarrollo con conflictos como Turquía y Zambia, mientras la Reserva Federal continúa su lucha para contener la inflación por segundo año.

El Gobierno socialista de Luis Arce está corto en gas y de repente no puede pedir prestado de los mercados de bonos a las tasas más altas. No cuenta con los fondos necesarios para respaldar la moneda local. El boliviano se ha fijado a una tasa cercana a 7 por dólar desde los años de auge del producto básico.

Las arcas del banco central están tan agotadas —el informe más reciente sitúa la cifra en USD 372 millones, suficiente para cubrir solo dos semanas de importaciones— que Arce ahora presiona a los legisladores para que anulen una ley en aras de poder vender algunas de las 43 toneladas de oro por efectivo.

Un agente de cambio de divisas explicó la preocupación creciente en La Paz de esta manera: vendió dólares hasta que se le acabaron; luego la gente fue tras los euros que tenía; cuando se acabaron, se enfocaron en pesos chilenos y soles peruanos. Intentaron de todo para proteger el valor de su dinero.

Al igual que los demás en el medio, el agente pidió no ser identificado. El trabajo se ha vuelto demasiado arriesgado. Trece personas fueron arrestadas bajo sospecha de transacciones en el mercado negro en un solo día la semana pasada, parte de la represión que se ha convertido en un sello distintivo de la respuesta del Gobierno de Arce a la crisis.

“Esencialmente, el país se ha quedado sin dólares”, dijo Antonio Saraiva, economista boliviano docente en Mercer University en Atlanta. “Cuando la gente ve que muchas personas hacen fila y pasan la noche allí para mantener su puesto, todos dicen que esto no es nada bueno”.

Morales y Chávez

La crisis energética actual de Bolivia se remonta a 2006, cuando el líder de izquierda Evo Morales llegó a la presidencia. Semanas después de su victoria, viajó a Caracas, donde su mentor y aliado cercano Hugo Chávez lo instó a seguir el ejemplo de Venezuela y aumentar el control estatal sobre su industria del gas. Cuatro meses después, ya lo había logrado. Bolivia nacionalizó yacimientos de gas y refinerías a cargo de Repsol SA, TotalEnergies SE y Petroleo Brasileiro SA.

Inicialmente, funcionó muy bien. Los precios internacionales del petróleo y el gas se disparaban y Bolivia gozaba de efectivo. Morales, a diferencia de su homólogo en Caracas, lo distribuyó con prudencia. La economía cuadriplicó con creces su tamaño durante su Administración, la pobreza bajó, la esperanza de vida aumentó y el número de niños que terminaron la escuela primaria aumentó a casi el 100%.

Pero Morales no destinó los fondos adecuados para permitir que el gigante estatal del gas invirtiera en exploración. Las reservas de gas comenzaron a disminuir y también las ventas al extranjero, que en su punto máximo representaron casi la mitad de todas las exportaciones en USD 6.000 millones. Estos ingresos han bajado un 51% desde 2014 y desaparecerán por completo para 2030, según la consultora Wood Mackenzie.

El año pasado, Bolivia se convirtió en importador neto de combustibles fósiles por primera vez desde la década de 1990, registrando un déficit de USD 1.300 millones.

Se hace necesario agresivos niveles de inversión en exploración y desarrollo de campos”, dijo el ministro de Economía y Finanzas Públicas, Marcelo Montenegro, a periodistas el mes pasado. “Actualmente, la economía boliviana está pagando las facturas de no haber hecho esa inversión en la manera agresiva que les he ido señalando”.

Arce, quien se desempeñó como ministro de Economía durante gran parte de los 14 años de Morales en la presidencia, está tratando de revertir el declive con planes de siete pozos de exploración para este año. Su Gobierno ha aprovechado los mercados mundiales ajustados de gas para cobrar precios más altos por sus exportaciones menguantes y está desarrollando biocombustibles nacionales.

También ha recurrido a los depósitos de litio de Bolivia, los más grandes del mundo. En enero, Arce firmó un acuerdo de USD 1.000 millones con el fabricante chino de baterías Contemporary Amperex Technology Co. para aprovechar las reservas en las salinas gigantes de Bolivia. Pero Bolivia necesita más carreteras y socios adicionales para ampliar su potencial, y es poco probable que esto suceda pronto, según analistas.

Los recientes pasos en falso del Gobierno solo han avivado aún más la crisis monetaria. El banco central dejó de informar sobre la cifra de reservas de divisas en febrero y el Gobierno instó el mes pasado a la gente a reducir sus compras de dólares.

En respuesta, los bolivianos salieron a comprar más. Para algunos, el recuerdo del pasado hiperinflacionario del país aún está fresco.

Violeta López recuerda que sus padres metían fajos de bolivianos en mochilas para ir de compras en la década de 1980. “Era una cantidad enorme de dinero pero no valía nada”, dijo López, ama de casa, mientras esperaba en la fila para comprar dólares en el banco central. “Por eso es que ahora estamos alarmados”.

La inflación anual alcanzó su punto máximo en más del 20.000% en ese entonces. Actualmente es del 2,6%, lo que la convierte en una de las tasas más bajas del mundo, menos de la mitad de la de Estados Unidos, el Reino Unido o Alemania. Sin embargo, tal como lo percibe López, una ruptura de la paridad podría desencadenar una espiral repentina en los precios. Ella buscaba comprar US$30.000.

El banco central ha tildado lo que está sucediendo de “ataque especulativo a nuestra economía”.

“NO EXISTE escasez de dólares y todas las entidades financieras están en la capacidad de realizar el cambio de divisas”, dice una publicación en el sitio web del banco central. “Somos una economía fuerte, solvente y estable”.

La semana pasada, el banco comenzó a requerir que los potenciales compradores de dólares agendaran citas en línea, para reducir la cantidad de personas que hacían fila frente a su sede.

Autoridades del banco central, el ministerio de Economía y la presidencia declinaron comentar para esta nota.

Los costos de endeudamiento de Bolivia en los mercados internacionales aumentaron el año pasado cuando la Fed y otros bancos centrales principales comenzaron a elevar las tasas de interés, y luego se dispararon más en las últimas semanas cuando las reservas de divisas del país se desplomaron. Los bonos del Gobierno en dólares con vencimiento en 2028 ahora tienen un rendimiento de más del 20%, frente al 6,2% a principios de 2022.

“El año pasado no los pudieron emitir”, dijo José Espinoza, ex director del banco central durante la efímera Administración de Jeanine Áñez. “Este año, definitivamente no los van a poder emitir”.

Fuera del mercado de bonos, el país solo logró ingresar USD 560 millones de todo tipo de financiamiento externo el año pasado, ni siquiera lo suficiente para cubrir los USD 920 millones que debía devolver, según Espinoza. Esto descuadra un modelo que el Gobierno había utilizado durante años en el que recurría a acreedores extranjeros para compensar la escasez de dólares creada por la caída de las exportaciones de gas.

“Eso le genera un hueco grande”, comentó Espinoza.

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