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BOLIVIA

Más allá de la Feria de Libro – La Razón (Bolivia)

Sunday 21 Aug 2022 | Actualizado a 00:31 AM
Voces
Sunday 21 Aug 2022 | Actualizado a 00:31 AM
Por Esteban Ticona Alejo
/ 21 de agosto de 2022 / 00:30
Del 3 al 14 del presente mes, se realizó la 26 versión de la Feria del Libro en la ciudad de La Paz. Después del impacto negativo de la pandemia del COVID-19, ésta es la exposición del libro donde se ha tratado de recuperar la dinámica cultural, sobre todo apostando en las presentaciones de nuevas producciones y el contacto directo con el público interesado.
La feria está organizada por la Cámara Departamental del Libro y, por lo tanto, tiene una apuesta principalmente económica. Este año, a pesar de esta intención mercantil, hubo la presencia de algunos autores de libros denominados “independientes”. Fue interesante ver a escritores de diferentes lugares del país, como novelistas de Santa Cruz, incluso a un grupo de militares escritores que enseñaban su producción de manera llamativa. Pretendían vender un libro sobre el juicio del mar de Bolivia contra Chile en la Corte de La Haya, con la propaganda del “por qué se perdió”. Vaya divulgación, de creerse los sabelotodo sobre este delicado tema de nuestro país.
La presencia del grupo Historias de Oruro, procedente de la ciudad de Oruro, me llamó la atención. Las revistas sobre Oruro en varios números son muy interesantes y el número 1 de Historias de la Guerra del Chaco, es digna de destacarse. Es una producción en base a testimonios y fotografías. Después de acceder a esta publicación, surge la afirmación “¡Qué bueno que se siga escribiendo y publicando sobre la Guerra del Chaco contra Paraguay, entre 1932 y 1935!” Para que las nuevas generaciones conozcan otros testimonios y otras fotos.
El afán comercial, creo fue quebrado por la presencia del Ministerio de Culturas. Este espacio permitió la presentación de libros que no estuvieron en el programa oficial de la Cámara, incluso con trasmisiones en vivo mediante el canal cultural del ministerio, que fue otra forma de cobertura. El ministerio acogió a varios productores y autores de libros. Pero fue más allá del libro, como apostar por otras formas de conocimiento, por ejemplo, mediante el arte del tejido, el teatro, la música y las fotografías. Gran acierto del ministerio en organizar e invitar la presencia de tejedoras del pueblo yampara del departamento de Chuquisaca. Ver otros lenguajes como el arte textil es otra manera de descolonizar la bibliografía estrictamente basada en las letras.
Es preciso hacer alguna reflexión sobre la infraestructura donde se realizó la feria. Considero que no es la adecuada, porque existe tan poco espacio para la exposición de libros. Incluso pareciera que el material con el cual fue construido el edificio no da muchas garantías para una eventualidad cuando existe mucha gente. Es preciso que haya otro lugar, más céntrico y con espacio para que la gente pueda disfrutar plenamente de la feria, que ya no es de La Paz sino del país.
Estamos a dos años del bicentenario del país, no tanto en el sentido de la herencia republicana y neoliberal, sino en la perspectiva de cómo podemos seguir rediseñando otras maneras de convivencia societal, a partir de las ideas interculturales, que puedan estar expuestas en libros, los tejidos, etc. Esto supone apostar por mucho diálogo. A la Cámara no creo que le interesa auspiciar estos diálogos interculturales y descolonizadores, y es preciso que el Estado, desde el Ministerio de Culturas e incluso el de Educación asuman y tengan espacios amplios como los que hemos mencionado. Además de profundizar con muchas publicaciones, aquí la Editorial del Estado tiene el reto de publicar mucho y vender a precios muy accesibles.
Es importante destacar alguna iniciativa privada, por ejemplo, la editorial GUM que reeditó varios libros y realmente a precios accesibles. Esta política editorial es digna de imitarse, porque el dueño (Gustavo Urquizo) tiene la mentalidad de que el libro no puede ser objeto de lujo y caro. Solo los que aman la cultura desde la producción bibliográfica pueden apostar por esta forma de aporte cultural al país.
Uka panka qhathuxa ma tuqitxa wali kusawa, maysa amuyutxa jani sumakirakiti.
Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.
Por Esteban Ticona Alejo
/ 7 de agosto de 2022 / 00:54
Hay memorias que precisan que perduren; pero hay otras experiencias del pasado que ya no vale la pena que sigan en nuestra evocación. ¿Cuál es la fecha que ha caducado? El 2 de agosto de 1953, la firma de la Ley de la Reforma Agraria de 1953, ocurrida en Ucureña, Cochabamba. Fue una de las principales medidas del régimen del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Existen varias investigaciones que afirman que la dictación de la ley fue más para frenar las tomas de haciendas de los indígenas campesinos, que por la convicción del gobierno del MNR.
La dirigencia indígena campesina que luchó contra el sistema de las haciendas, apostó por la revolución agraria que por la simple reforma agraria. Se proponían abolir la servidumbre o el “colonato” campesino indígena, para poner término al régimen de hacienda y proporcionar tierra a los que no la poseían. En gran medida lo consiguieron, sobre todo en la región andina, donde se logró expropiar las haciendas, transformando a los antiguos “pongos” o colonos en propietarios, con lo que desaparecieron también las anteriores relaciones de servidumbre, salvo en algunas áreas donde se mantuvo bajo modalidades restringidas.
Pero no todo fue hacienda en la región andina, pues había muchos ayllus y comunidades originarias que resistieron y no cayeron en manos de los hacendados; pero después de la revolución de 1952 no fueron considerados como tales, sino parte de las políticas campesinistas generalizadoras del MNR. La Ley de la Reforma Agraria de 1953 fue muy ambigua con los ayllus y comunidades originarias. Esta falta de claridad no permitió brindar mejoras a los comunarios/ as, aunque se toleró su reproducción como sistema socio-económico y político local.
Pero ¿por qué olvidar la reforma de 1953? Sencillamente apostó por el agro liberal y mediante la reforma, que ya fue planteada en el país desde mediados del siglo XIX. Así lo manifestó públicamente Víctor Paz Estenssoro en 1955: “La reforma agraria no implica necesariamente un criterio socialista, es un criterio liberal; representa salir del régimen feudal superado ya en muchas naciones, pero que en los países atrasados económicamente como son los de Latinoamérica en su mayoría, persiste todavía. La subdivisión de la tierra es la clásica proposición de reforma agraria del tipo liberal.”
El Estado de 1952 generó todo un imaginario en torno a las tierras bajas y sus pobladores originarios. La política de la “marcha al oriente” estaba orientada a la colonización interna de estos territorios. Se pensaba que las tierras amazónicas, orientales y chaqueñas eran vírgenes y con pocos habitantes, como expresa la Ley de Reforma Agraria de 1953, en su “Capítulo III. De las reducciones selvícolas”. El artículo 129 indica: “Los grupos selvícolas de los llanos tropicales y subtropicales, que se encuentran en estado salvaje y tienen una organización primitiva, quedan bajo la protección del Estado”.
Se conocía muy poco a los pueblos indígenas de las tierras bajas y esa es una las explicaciones de por qué tanta ignorancia al calificar a los originarios de “salvajes”. El Estado de 1952, que se vanagloriaba de ser moderno y mestizo, actuó con una mentalidad arcaica y colonizadora al declararse “tutor” de quienes “se encuentran en estado salvaje”.
En los últimos años, se ha tratado de refuncionalizar al 2 de agosto de 1953, buscando varios adjetivos, en el intento de desmarcarse de la denominación del día del indio y día del campesino. Últimamente se ha llamado “el día de la revolución agraria, productiva y comunitaria”, en fin. Seguir recordando la institucionalización de una ley agraria que fue absolutamente liberal y modernizante, es seguir imbuido en la mentalidad agrarista colonialista de una reforma, que fue un total fracaso en el país.
Sabemos también que un 2 de agosto de 1931 se fundó la escuela ayllu de Warisata, encabezada por Avelino Siñani y Elizardo Pérez. Si se quiere continuar que la memoria del 2 de agosto no se borre en nuestro imaginario, el acto educativo anticolonial posiblemente sea el más propicio para reencauzar el horizonte del suma qamaña o sumaj kawsay. Pues sobre todo en las áreas rurales y periurbanas se hacen grandes desfiles más en la línea educativa, que la agraria.
Jichhurunakanxa armasjañasawa uka riphurma ajrariyatxa. Uka lurawinakaxa, ñanqha thkakhir sarayatawa.
Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.
Por Esteban Ticona Alejo
Imagen: la razón-archivo
/ 6 de agosto de 2022 / 03:29
Entre 1825 y 1826 hubo un debate muy interesante de los primeros diputados del país que discutían el contenido de la primera Constitución Política del Estado. El qué hacer con los indios, sobre todo, a lo referido a su condición de contribuyentes económicos y su aptitud de ciudadano es de profunda preocupación. En el libro Trabajos de la Diputación permanente se da cuenta de la instalación y el debate de los primeros diputados de la nueva República, iniciado con la primera sesión el 9 de noviembre de 1825 y finalizado el 31 de diciembre de 1826. Las 972 páginas de este documento, más su índice, nos permite evaluar cómo fueron las sesiones y los temas que se discutieron acaloradamente en más de un año de trabajo del Poder Legislativo del flamante Estado boliviano.
Hay varios temas de disputa que nos llaman la atención, pero para esta oportunidad nos interesa acercarnos al debate sobre los indígenas. Dos temas se discuten ampliamente: el incremento del pago de impuestos a los habitantes ancestrales y por el otro, su calidad de ciudadanía.
Los debates están llenos de frases y comparaciones entre el pasado colonial y el presente nacional, además de las múltiples secuelas de la guerra de los 15 años. También se puede evaluar las categorías sociales vigentes y sobre todo la estratificación social de la República de Bolivia con un alto espíritu imitativo a lo europeo y liberal.
Sobre el pago de impuestos al flamante Estado, el representante Callejo expresaba: “Los indios son más recargados porque a más de la contribución personal tienen que pagar la industria y de sus propiedades, cuya suma es mucho mayor que los tributos anteriores; las demás clases son impuestos con tres pesos…” (pág. 248).
Hay que recordar que en la época colonial los indios pagaban tributo entre los 18 y 50 años de edad, pero en la República este pago se extendió a entre los 18 y 60 años. Indudablemente este ensanchamiento en tiempos marcaba una de las diferencias o “castigos” respecto a los otros sectores sociales que apenas contribuían con tres pesos, como mencionaba el diputado Callejo.
PAGO. En la discusión se busca el pago directo de los indios y no el indirecto, porque el Estado no encontraba un sustento seguro para sobrevivir en los primeros años de la vida republicana. Otros diputados como Molina justificaban “el gasto de ahorros de los indios” porque en sus fiestas efectuaban borracheras y desórdenes. Textualmente dice: “Si algún ahorro podían hacer los indios de todo esto en el curso de algunos años, era para dar una fiesta en la que nos pagaba por el culto, que por la satisfacción de sus borracheras y desórdenes…” (pág. 262).
Tildar a la fiesta de los indios como la generadora de borracheras y desórdenes fue seguir pensando y actuando con el profundo desprecio del comportamiento negativo en los inicios de la sociedad boliviana. Este legado e imaginario aún se manifiesta actualmente.
Como sabemos por varios estudios, durante el siglo XIX el Estado boliviano vivió de los tributos de los indios, aunque se llamaba “contribución indigenal”. En las discusiones de los representantes se alude a mostrar cifras y realizar censos para una mejor justificación del cobro directo a los indios.
Indudablemente el debate más importante y acalorado que tuvieron los representantes fue el referido a la otorgación de la calidad de ciudadanía de los indígenas. Son absolutamente conscientes que son la mayoría de la población de la flamante sociedad boliviana, pero no sabían leer ni escribir el español.
Por ejemplo, el diputado Aguirre señalaba: “… que estando la mayor parte de la Nación compuesta de la clase indíjena no parecía regular, el que, sin tener culpa alguna de no saber leer, ni escribir, se lo privase del único derecho de que podía gozar…” (pág. 418). A pesar de esta justificación y comprensión del diputado Aguirre, éste sugiere 10 años de gracia para estimular a los indios para que se instruyan en la lectoescritura dominante.
Bozo, otro representante en el Congreso, expresaba sobre el analfabetismo de los indígenas: “…que esta calidad no se ecsijía por castigar a los indios, porque se les consideraba, y eran en efecto muy estúpidos y semejantes a los niños…” (pág. 418). Esta calificación a los indios de estúpidos y su semejanza con los niños no era la adjetivación del momento, sino que venía desde la mentalidad social y jurídica colonial. Considerar al indio como niño dio sustento al derecho colonial, la justificación de tener tutores.
ROLES. Lo que se devela también en estos debates es uno de los roles de los curas de la época con respecto a los indígenas: la educación y el adoctrinamiento. El mismo Bozo, refiriéndose a un caso, expresaba: “…el de un indio de la provincia Larecaja, a quien sus paisanos lo habían quemado como a un brujo…” (pág. 419). Atribuyó la incapacidad del indígena al descuido de los curas, que no le enseñaban “las buenas costumbres coloniales”. Aquí reluce la política de la “extirpación de la idolatría”, porque sencillamente el afectado era yatiri, pero es tildado de brujo. En el presente aún existe esta profunda confusión entre yatiri y brujo.
El indio no solo era borracho, estúpido, niño, brujo, sino que en la primera Constitución que se proyectaba podía ser peligroso también, porque era la población mayoritaria. El diputado Molina expresaba al respecto: “…había en las demás partes de la Constitución una popularidad ecsesiva…” (pág. 419).
Otro diputado, Calvo, en tono sarcástico, dijo: “…ya se hacía necesario el ocurrir a Roma para que otro Paulo V declarase racionales a los indíjenas. Que estos eran dueños del país y más naturales que los blancos, por lo que era injusto privarles de esta prerrogativa.” (pág. 420) Esta ironía de Calvo era la realidad, pero por la situación de la dominación colonial no era posible ese reconocimiento pleno a los pueblos ancestrales, en términos formales. Aunque los pueblos indígenas siempre lucharon para ser reconocidos como actores y contribuyentes de la Bolivia india.
¿Desde qué año se prohibió que las personas que no sabían leer ni escribir en castellano no fueran consideradas ciudadanos? La primera Constitución Política del Estado de Bolivia de 1826, en su artículo 14 señala que para ser ciudadano es necesario saber leer y escribir el castellano, pero “que esta calidad solo se exigirá desde el año mil ochocientos treinta y seis” (CPE, 1826. En Gaceta Oficial de Bolivia, 2019:7).
En las Constituciones Políticas del Estado de 1831 y 1834 no se hace ninguna mención al tema. Entre la década de 1826 y 1836 se hizo una pausa para que los indios aprendan a leer y escribir el castellano. En términos formales, la indiada podía votar en estos años mencionados. ¿Lo hicieron? Si fue así, ¿cómo fue esa experiencia? ¿Cómo fue la política de incentivo del Estado y la sociedad boliviana para que los indios aprendan a leer y escribir en español?
La Constitución de 1839, en su artículo 12, expresa: “Solo los ciudadanos que sepan leer y escribir, y tengan un capital de cuatrocientos pesos…gozan del derecho de sufragio en las elecciones” (en Gaceta Oficial de Bolivia, 2019:109). La Carta Magna de 1839 da el inicio formal a la prohibición para las personas que no sabían leer ni escribir. Pero ¿por qué se explicitó en 1839? ¿Por el fracaso del Estado en la educación castellanizante, sobre todo a los indios? O ¿fue una decisión política de racismo contra los indios?
Volviendo al debate de los primeros diputados, Callejo, a pesar de su denuncia a favor de los indios, no deja de ser excluyente cuando hace referencia a los “cholos” como “tribus errantes” o que los “africanos y sus descendientes son generalmente improductivos”, y para frenar sugiere la implantación de catastros y censos para cobrar un sistema de rentas (pág. 282).
Hay otros temas que nos llaman la atención, por ejemplo, las adjudicaciones del territorio de los Yuracarés y el inicio de la construcción del camino a Mojos, acompañado de por medio por una especie de cruzada cristiano-católica mediante misiones como la de San Francisco, la Asunción y Chimoré. El flamante Estado boliviano de 1826, mediante sus representantes, tenía el imaginario de que las tierras y los pueblos de la Amazonía eran casi inexistentes y habría que colonizarlas. Aquel ficticio argumento se reeditó con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) post 1952.
En conclusión, los primeros representantes políticos heredan todo el prejuicio racial colonial, a excepción de algunos diputados que tratan de entender a los indios. Prevalece la idea de la búsqueda de personas cultas e inteligentes para ser consideradas ciudadanos plenos, frente a la gran mayoría de indios que supuestamente no lo eran y que sencillamente son tildados de borrachos, estúpidos, niños, brujos, irracionales, etc. Está claro que la religión católica es parte activa de estas preocupaciones como parte del Estado, con profundo cimiento colonial, aunque se llame republicano. El debate no solamente fue entre los diputados, sino también con los representantes del Poder Ejecutivo, aunque estuviesen en calidad de invitados en algunas sesiones.
Esteban Ticona Alejo es sociólogo y antropólogo. doctor en estudiosculturales latinoamericanos. docente enlauniversidad mayor de san andrés (umsa) y autor de varios libros sobremovimientos indígenasycampesinos e investigación cualitativa. cofundador del taller dehistoria oral andina (thoa).
Por Esteban Ticona Alejo
/ 24 de julio de 2022 / 00:36
Del 15 al 17 del presente mes, se realizó el I Encuentro de Intelectuales Aymaras, auspiciado por la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, la Universidad Pública de El Alto (UPEA) y la Universidad aymara Tupak Katari. Fue un encuentro propicio para estos tiempos, aunque el tema data de varios años atrás. En países como México, Guatemala, Ecuador, Colombia y Chile hay una amplia dinámica de discusión e investigación sobre el tema. Para el caso boliviano, es muy escasa la investigación y la publicación.
Recuerdo una frase de Fausto Reinaga en uno de sus libros, “es más difícil construir un intelectual que un presidente”. La expresión explica la formación ultra disciplinaria, la construcción de profesionales bajo los cánones occidentalizados. ¿Cómo transformar este producto académico? ¿Cómo descolonizar el colonialismo intelectual y sus prácticas conservadoras tan arraigadas? La apuesta de los organizadores fue por la investigación-reflexión y en este sentido hubo seis mesas y se expusieron alrededor de 100 ponencias escritas.
Fuera de esta forma de participación hubo un acto inaugural y una conferencia el día del inicio del evento. Los asistentes fueron personas de distinta condición, como provenientes de las provincias, pero también de las ciudades. Este perfil marca una gran diferencia, en relación a otros encuentros académicos. Ser activista y a la vez investigador es una de las particularidades de los pensadores aymaras. Otro hecho destacable fue desarrollar el evento en aymara y en castellano. Este último idioma como lengua franca de comunicación, para no quedar encerrado exclusivamente en lo local.
Es preciso profundizar más la dinámica iniciada. Por ejemplo, ¿cómo ya no tener más mesas escindidas por profesiones, disciplinas y apostar por temáticas integrales y conectadas con la realidad compleja? En futuros encuentros, ¿cómo serían las mesas integrales, por llamar de alguna manera? Es preciso recoger la gran experiencia de los conocimientos de los pueblos ancestrales, la ciencia de la pre-colonia, pero también la realidad mundial, devastada por formas de colonialismo.
Insisto en quitar las fronteras disciplinarias impuestas por la modernidad académica occidental. Incluso hoy, pensadores occidentales críticos como Édgar Morin desafían con la interdisciplinariedad a las monodisciplinas. Es importante incorporar los conocimientos que no han estado presentes en este primer encuentro, como la medicina, las tecnologías de las ingenierías e incluso las artes y la literatura. Occidente siempre se ha vanagloriado de que ha construido las “ciencias duras”, incluso llamándolas científicas. Pero, la pandemia del COVID-19 nos ha permitido ver que la cientificidad occidental fue un fracaso. Porque no existe una vacuna contra el COVID-19 que pueda defender al ser humano al 100%.
Otra apuesta para profundizar este tipo de encuentros son las metodologías de investigación. ¿Cómo encaramos con nuevas metodologías y métodos? ¿Cómo realizamos otras formas de investigación? Las metodologías y sus métodos, por consiguiente su epistemología, están en cuestión. Recuerdo a la intelectual indígena maorí Linda Tuhiwai Smith, en su libro A descolonizar las metodologías, quien enfatiza que la palabra investigación es de las más sucias, por su connotación de ser una herramienta que ha servido para conocer y sojuzgar pueblos, para la apropiación del conocimiento y los valores de los pueblos colonizados. ¿Cuánto de nuestra práctica investigativa aún tiene esta vena colonialista?
La llamada intelectualidad aymara y de otros pueblos tenemos que entablar discusión con las corrientes del pensamiento del mundo. Aún somos reproductores de ideas y categorías foráneos, porque haciéndolos nos consideramos que estamos a la par de lo más avanzado de la “ciencia”. Hecho que nos ha llevado y lleva a ser los mejores repetidores, aunque sea de manera burda. ¿Qué ejes del pensamiento ancestral descolonizador podemos compartir con el mundo?
Pasir urunakanxa, nayrir jach’a tantachawiwa utjawayi. Jiwas markan lup’irinakawa wali suma arsusiwayapxi, amtawayapxi. Jallalla.
Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.
Por Esteban Ticona Alejo
/ 10 de julio de 2022 / 01:15
En pasados días, con un grupo de estudiantes tuve la oportunidad de regresar a Jesús de Machaca, ubicado en la provincia Ingavi del departamento de La Paz. Todo retorno, aunque sea por pocas horas, siempre está conectado con los recuerdos.
Hace años se ingresaba a la región por Guaqui o por Viacha, por un camino de tierra. Hoy está casi todo asfaltado. Está claro que se aminoró el tiempo de viaje. Con este propósito se ha trazado una nueva ruta que no coincide con la antigua carretera y muchos pueblos o ayllus han quedado fuera de la vía. Pude apreciar nuevas construcciones e incluso algunas imitaciones a los cholets de la ciudad de El Alto. Después de detenernos en la apacheta para hacer una ch’alla de buen augurio y a la vez una especie de permiso para estar en las tierras machaqueñas.
Arribamos a un lugar histórico, Qhunqhu Wankani. Nombre especifico de un sitio arqueológico, que pertenece al ayllu Qhunqhu. Estar ahí fue recordar muchos aspectos, como la investigación realizada por el arqueólogo Maks Portugal por los años 50 del siglo XX. Aún estaban las cenizas de la waxt’a realizada por el Año Nuevo Aymara, que se inició a fines de los años 90 del siglo XX. La wak’a se llama jinchun qala (oreja de piedra). Les conté a los jóvenes visitantes que hace años, cada vez que algún extraño llegaba al lugar, aparecía don Tiburcio Colmena, comunario- guardián del sitio, que incluso lo cubría con paja para su mejor conservación. Ahora ya nadie apareció como otrora.
Recordé algunas conversaciones con los comunarios/as, quienes me decían que jinchun qala es poderoso, porque en la época de la Guerra del Chaco contra el Paraguay, varios jóvenes de este ayllu fueron a combatir y sus familias hacían luqtas u ofrendas para que retornen sanos y salvos. Y así fue, y por eso la wak’a es el gran guardián de la región. El presente y su relación con el pasado nos permiten comparar. Lamentablemente las piedras que hace años lucían esplendorosas con su iconografía de pumas y kataris hoy están deterioradas. ¿Será que a alguna autoridad municipal, departamental e incluso nacional les llame la atención de este deterioro y cómo conservarlo? E incluso, ¿cómo seguir excavando y estudiar este lugar que está en la misma dirección de Tiwanaku?
En ese recorrido visitamos el segundo núcleo indigenal fundado por Elizardo Pérez en 1937. Aún está la edificación antigua, hoy utilizada por la escuela y el colegio de Sullkatiti Qhunqhu, porque esta construcción está en la mitad de las dos parcialidades históricas de Jesús de Machaca. Recuerdo que hace varios años, en el frontis de la escuela histórica, se realizó la presentación del libro de Roberto Choque y mi persona titulado Sublevación y masacre de Jesús de Machaca de 1921, volumen 2 de la serie Jesús de Machaqa: la marka rebelde, de cuatro tomos. Ahí estuvieron Roberto y Félix Layme, hoy desaparecidos físicamente, Xavier Albó (retirado de las actividades) y Carlos Soria. Recordé a Félix con su cámara y su filmadora registrando el evento ante una multitud de personas de los ayllus. En la plazuela de este lugar están establecidas otros líderes de la sublevación, como Blas Ajacopa, aparte de Faustino y Marcelino Llanque de Calla Arriba.
En el camino hacia el pueblo de Jesús de Machaca pasamos por varios ayllus, sobre todo uno en particular, Yawriri, donde aún celebraban la fiesta local. Recordé al exmallku Natalio Triguero y su hermano Abraham, ambos finaron hace poco, oriundos de este ayllu. El primero fue el jach’a mallku de Jesús de Machaca y el segundo, un gran poeta que publicó un libro de poesía en aymara.
Ya en el pueblo nos encontramos con el párroco Franz Bejarano, un entusiasta en la historia local. Nos hizo una explicación profunda sobre la construcción de la iglesia que data de la época colonial y fue financiada por el cacique Gabriel Fernández Guarachi.
Seguimos recorriendo y llegamos a Corpa, otro ayllu. Este lugar en el pasado fue una especie de centro de esta región, pues aquí estaban varias instituciones dedicadas a la educación y la salud. Fue el lugar de residencia de Xavier Albó desde los años 70. En el pasado no había calles y hoy sí, antes uno podía llegar y acerarse directamente a las casas, pero hoy ya no, porque ya tienen muros. Ahí recordé tantas experiencias y anécdotas e incluso haber revisado los ficheros de Xavier que aún están en una de las casas.
Wali askiwa mayampi purt’aña kha Jesus de Machaqa uka jacha’a markaru. ¡Jallalla!
Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.
Por Esteban Ticona Alejo
/ 26 de junio de 2022 / 03:03
El 19 del presente mes se llevó a cabo la segunda vuelta en las elecciones nacionales para la presidencia y vicepresidencia en la hermana república de Colombia. Gustavo Petro será el próximo presidente. Su victoria lleva al poder a la izquierda por primera vez en la historia de este país.
El candidato del Pacto Histórico se ha impuesto con el 50,44% de los votos, frente al 47,03% del empresario Rodolfo Hernández, con el 100% escrutado. ¿Qué supone el triunfo de Petro y Francia Márquez? Un cambio nunca visto en la historia colombiana. Márquez será la próxima vicepresidenta, la primera afrocolombiana en ocupar el segundo cargo más importante del país. Petro alcanza la presidencia en su tercer intento, esta vez ante Hernández, un empresario de Bucaramanga que irrumpió por sorpresa en la segunda vuelta electoral, y cuya campaña estuvo marcada por las declaraciones machistas y polémicas.
Las primeras veces siempre nos llevan a varias preguntas e incluso a alguna incertidumbre. Posiblemente algunas respuestas se hayan dado en la noche del 19 cuando Petro hizo el primer discurso como presidente electo. En medio de sus adherentes, dijo varios énfasis que quiero destacar. No sé si será realmente un gobierno de izquierda, al menos él planteó una especie de transición desde la experiencia sociopolítica nefasta y cuasi feudal hacia un capitalismo especial. Indudablemente al oír hablar de transición, en el viejo esquema del marxismo, sonaría como ir al socialismo, como la vía-puente hacia la sociedad comunista.
Después de más de 50 años de guerrillas y sus nefastas consecuencias en la vida de los/as colombianos, al parecer se aprendió mucho y hoy el planteamiento de Petro apunta hacia varias adaptaciones de la izquierda para estos tiempos. En general planteó un gobierno de la vida, que incluye la apuesta por la paz, la justicia social y la justicia ambiental.
En el plano económico esbozó la apuesta por el pluralismo económico, donde convivirían varios tipos de economía, entre ellos el capitalismo. También proyectó la redistribución de la riqueza y eso será posible produciendo más, es decir, que se tiene que generar excedentes. Esa producción significará que se producirá más, pero respetando a la humanidad y la naturaleza. Hizo la gran apuesta de la lucha contra el cambio climático. No serán más extractivistas de la producción. ¿Cómo será posible que estas lindas cosas se hagan en la realidad? En el plano internacional planeó buscar formas de integración de la América Latina con negros, indios y los descendientes de españoles. Apostó a que Colombia se convierta en la potencia mundial de la libertad.
Otro gran acontecimiento en esta segunda vuelta es la elección de Márquez, la primera mujer afrocolombiana que el 7 de agosto asumirá la vicepresidencia de Colombia. Francia es activista y abogada, ganó el premio ambiental Goldman en 2018. Enfrentó numerosas amenazas de muerte por su activismo y sobrevivió a un intento de asesinato en 2019. La enorme población afrocolombiana es uno de los sectores más despreciados, junto con la indígena. Colombia tiene gran experiencia de lucha afro, no son casuales las luchas comunales del Palenque San Basilio y otras similares, buscando la emancipación mediante formas de cimarronaje. Márquez, en su propaganda decía “Vivir sabroso no es vivir con plata, vivir sabroso es vivir sin miedo”. Profunda sabiduría que sintetiza la Colombia contemporánea, que apuesta por la vida.
Varios analistas han calificado a Petro como de centroizquierda, a pesar de sus orígenes de guerrillero. Un país que aún está sumergido en las luchas fratricidas que han provocado desplazamientos humanos y formas de intervención extranjera, sobre todo de los estadounidenses, tiene el gran reto quebrar y reencauzar su vida mirándose hacia adentro.
Wali kusisiñawa. Colombia jach’a markaxa, wali suma thakhiruwa sarantapxi. ¡Jallalla Colombia!
Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.
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