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Primero Bolivia – La Razón (Bolivia)

Tuesday 20 Sep 2022 | Actualizado a 01:33 AM
Voces
Tuesday 20 Sep 2022 | Actualizado a 01:33 AM
Por Ana Karina Auza
/ 20 de septiembre de 2022 / 01:31
Los impuestos son tributos que obligan a pagar como consecuencia de determinados hechos, actos o negocios, sin que exista una contraprestación directa por su pago o, como bien dicen, son una forma de compartir la riqueza para que ésta se convierta en bienes comunes y públicos para la sociedad. Para tal fin se crean impuestos recaudadores y aquellos que justifican su existencia para desincentivar el consumo de bienes que causan daño a la salud, el mecanismo incrementa el precio de dichos bienes para limitar indirectamente su consumo, en esta línea el Impuesto a los Consumos Específicos (ICE) es el ejemplo más claro de esta política.
A nivel internacional se ha establecido que esta medida tributaria puede prevenir parcialmente el daño causado a la salud por el consumo de bebidas alcohólicas o tabaco, sin descartar otro tipo de medidas complementarias como la concientización y la educación.
Por otro lado, en el marco del Modelo Económico Social Comunitario Productivo y de las políticas adoptadas por el Gobierno, es importante proteger a la industria nacional a través de la sustitución de bienes importados por bienes que se producen con calidad en nuestro país, éste es uno de los pasos para potenciar la industrialización en rubros específicos como una vía para la reconstrucción de la economía nacional y para preservar el bienestar y el futuro de los bolivianos.
Ante este escenario, el Gobierno ha emitido la Ley 1462, que establece un rango de alícuotas para la aplicación del ICE, sin que esto signifique un incremento del impuesto como tal, el tema ha sido desvirtuado una vez más por intereses particulares de algunos “analistas” que pretenden desinformar y desmerecer los resultados en materia económica que sostienen la estabilidad presente, misma que nos ha permitido sobrellevar los embates de la crisis provocada por la guerra y la aplicación de las recetas ortodoxas de corto plazo, cuyos ajustes derivan en perjuicio para la mayor parte de la gente.
Es lamentable que algunos bolivianos obvien y menosprecien al empleo y a la producción boliviana (léase Antonio Saravia), dictando alternativas vagas y teóricas que no responden de forma pertinente a las necesidades actuales, además olvidando convenientemente la senda de reconstrucción económica que se ha emprendido, luego de un año (2020) en el que el Estado fue manejado de forma irresponsable y que se asemejó más a una comparsa o un club de amigos.
Bolivia está moviéndose de nuevo, realizando los esfuerzos necesarios para preservar la confianza y aplicar medidas concretas que resuelvan problemas que solo pueden ser tratados si se conoce de cerca las necesidades de la gente y particularmente de los segmentos de menos ingresos; por ello, cuidar la industria nacional y desarrollarla es un objetivo que va más allá de la ceguera teórica, de la comodidad de cuestionarlo todo sin proponer y de la facilidad de prestarse a los intereses velados de unos cuantos que ponen al país por detrás de sus ambiciones políticas.
El Gobierno, como premisa, busca fortalecer el sector productivo boliviano y una medida que coadyuva a este fin es precisamente la de establecer una banda de alícuotas para el ICE, como un mecanismo rápido para la defensa de la industria nacional, fomentando el consumo de lo nuestro ante lo extranjero.
Ana Karina Auza es auditoria y Jarold Escóbar es economista.
Por Ana Karina Auza
/ 12 de julio de 2022 / 01:32
Desde hace algunos días está siendo noticia internacional el desplome de la moneda argentina, devaluándose al punto que al momento 100 pesos argentinos equivalen a Bs 2,70, esta situación está ocasionando que la población de las ciudades fronterizas opte por ahorrar en moneda boliviana en reemplazo de los pesos argentinos a fin de asegurar su valor adquisitivo, inclusive en sustitución del dólar que por costumbre la sociedad argentina consideraba como una “moneda fuerte”. Esta es una realidad que no se hubiera imaginado si es que en su momento el exministro de Economía y Finanzas Públicas, actual Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, no hubiera asumido con determinación las medidas certeras para bolivianizar la economía.
En 2005 ya se había identificado que el sistema financiero reflejaba una profunda desconfianza en la moneda nacional, hecho demostrado por el nivel de los ahorros en bolivianos, los cuales alcanzaban solo al 15% del total y para el caso de los créditos no llegaban ni al 7% de la cartera, estos números demostraban que la sociedad no valoraba nuestro dinero y prefería mantener sus cuentas en moneda extranjera. Hoy en día ese escenario se ha revertido completamente, en la actualidad el 99% de los ahorros y el 86% de los créditos se encuentran en bolivianos.
La fortaleza de nuestra moneda es un referente de la estabilidad económica y confianza que hoy por hoy vive Bolivia, el crecimiento alcanzó el 6,1% en 2021; la tasa de desempleo se ha reducido al 4,2% a mayo; la estabilidad de precios, tal como sucede con el precio de la gasolina y los productos de la canasta básica, que se explica por la política de que lo que se produzca sea primero para los bolivianos. Estos indicadores son producto de un adecuado modelo económico, que otorga mayor relevancia al mercado interno y por ende al bienestar de sus habitantes, empuja la inversión pública y que motiva la producción nacional. Este escenario que en definitiva responde a una buena gestión y manejo de la cosa pública y no al contexto internacional favorable, como indican reiteradamente algunos economistas para desmerecer los resultados alcanzados, despropósito que queda en evidencia ante la situación internacional adversa por los efectos de la pandemia, la guerra entre Ucrania y Rusia, y de otros factores externos como las cadenas de suministro ralentizadas.
Las medidas económicas establecidas por el Gobierno democrático estimularon la demanda interna, dando como resultado una recuperación paulatina y constante de la actividad económica, casada con la implementación de medidas determinantes, entre las cuales deben destacarse el Impuesto a las Grandes Fortunas (IGF), que generó en 2021 recursos para el Estado por Bs 241 millones; el Régimen de Reintegro al IVA que ha beneficiado a 67.755 personas, reintegrándose aproximadamente Bs 34 millones en el mismo año; incentivos tributarios orientados a la importación y comercialización de bienes de capital y plantas industriales de los sectores agropecuario, industrial, construcción y minería, logrando que en 2021 se importe por un valor aproximado de Bs 815 millones.
Diversos organismos y la prensa internacional opinaron favorablemente respecto a la estabilidad económica existente en Bolivia, con una inflación controlada que otorga certidumbre a la población en cuanto a su poder adquisitivo, más cuando en diversos países de la región la población de ingresos medios y bajos sufre constantemente por la inflación y la continua inestabilidad de lo que pasará en los siguientes meses con los precios de los combustibles y alimentos.
Entonces, ante lo señalado, ¿usted no cree que, si le va bien al país, nos irá bien a todas y todos como bolivianos?
Ana Karina Auza es auditora financiera.
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